La Amazonía está agonizando

Foto: Marcio Isensee e Sa

La Conferencia de las Partes (COP) es uno de los eventos políticos ambientales más esperados a nivel mundial. Este año, presidentes de 196 países, instituciones del sector privado y organizaciones de la sociedad civil se reunieron en la ciudad egipcia de Sharm el Seij del 6 al18 de noviembre.

Es bien sabido que el uso de combustibles fósiles, principalmente para la matriz energética y para alcanzar cierto nivel de desarrollo e industrialización, es el origen del cambio climático antropogénico. Sin embargo, nuestra actual crisis socioambiental, también conocida como crisis climática, se ha visto exacerbada por la destrucción de la naturaleza y la pérdida de biodiversidad.

Uno de los enclaves de biodiversidad más grandes del mundo es la región amazónica. La Amazonía es un ecosistema global estratégico que cubre 8.400.000 km2, lo que representa el 4% de la superficie terrestre del planeta y el doble del tamaño de la Unión Europea.

La región amazónica está formada por ocho países y una provincia francesa. Desempeña un papel determinante en el clima global y en la regulación del agua: por ella pasa el 20% del ciclo del agua. Además, alberga una cuarta parte del agua de los ríos del mundo y el 20% de la diversidad del mundo.

Sin embargo, en la última década, su biota se ha transformado rápidamente ya que ninguno de los ocho países amazónicos protege adecuadamente su bioma. La Amazonía es la región más excluida de estos países y una de las más excluidas del planeta[1].

De hecho, la humanidad no puede mitigar los efectos del cambio climático ni avanzar hacia la transición energética mientras la Amazonía agoniza. ¿Por qué pasa esto? Hay dos razones principales. La primera: la selva tropical se está convirtiendo en sabana en muchas áreas. Por ejemplo, en octubre de 2020, en Guaviare, departamento amazónico colombiano, apropiarse de una hectárea para deforestar costaba 263,98 dólares americanos, mientras que una hectárea en áreas cercanas a las ya convertidas oscilaba entre 791,94 y 2.111,13 dólares. Esta subvaloración de la tierra está liderada por la figura del ‘inversionista-deforestador’. Estos pueden ser grupos armados organizados, narcotraficantes y/o terratenientes y ganaderos. No es posible determinar exactamente quién es el autor intelectual de cada incendio.

El precio del ecocidio: 1 hectárea a deforestar son 263,98 dólares. 1 hectárea próxima a hectáreas ya deforestadas: entre 791,94 y 2.111,13 dólares. Foto: Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible.

Esta colonización ilegal y no reglamentada ha generado la construcción de caminos en zonas prohibidas, como la selva. En menos de un siglo, millones de hectáreas de árboles nativos han sido reemplazadas por centros poblados, áreas para la ganadería y miles de hectáreas de cultivos agroindustriales y de coca, al punto de que hoy esta conectividad entre los Andes y la Amazonía está a punto de desaparecer.

En los últimos cuatro años se ha incrementado en un 16% el número de caminos ilegales en medio de la selva. CAMBIO, UNIDOS POR LOS BOSQUES. Fotógrafo: Santiago Ramírez.

En marzo de 2018 existían 22.991 km de infraestructura vial en toda la Amazonía, y entre abril de 2018 y marzo de 2022 se abrieron 3.846 km, un aumento del 16% en cuatro años.

La conectividad entre los Andes y la Amazonía está a punto de perderse. Créditos: CAMBIO, UNIDOS POR LOS BOSQUES, Edwin Sanabria. Fotógrafo: Santiago Ramírez.

La segunda razón es que algunas zonas de la Amazonía están pasando de ser un sumidero de carbono a una fuente de carbono. En 2019, imágenes de distintas fuentes mostraron la magnitud de los incendios forestales promovidos y apoyados por Jair Bolsonaro en la Amazonía brasileña. La recuperación natural o asistida de esas áreas podría tomar de 200 a 300 años, y no hay garantía de que su biodiversidad y funcionalidad regresen a algo cercano a lo que se ha destruido en los últimos años.

Durante la COP 27, con la participación de los presidentes de Colombia y Brasil, Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva, quien asumirá el poder en enero, se vislumbra una nueva geopolítica que impulsa la descarbonización de la economía.

En la primera semana de esta COP, uno de los temas más resonantes para los países de América Latina y su reducción de emisiones de GEI fue frenar la deforestación, especialmente en la región amazónica.

Algunos hechos en este sentido fueron:

1. El discurso de Petro y el anuncio de que Colombia destinará 200 millones de dólares anuales para salvar la selva amazónica dentro de su territorio.

2. Colombia, Alemania, Noruega y Reino Unido renovaron el pacto estratégico iniciado hace siete años. Este acuerdo fue firmado durante la COP 25 en París. El objetivo de esta alianza ha sido ayudar a Colombia a lograr su objetivo de deforestación neta cero en la Amazonía para 2020 y detener la pérdida de bosques para 2030. Con la renovación del pacto, los tres países europeos acordaron un desembolso adicional de 25 millones de dólares para salvar la selva amazónica. Gracias a esto, Colombia concentrará todo su esfuerzo en 22 puntos críticos de deforestación en la Amazonía.

3. La intervención de Lula y su compromiso con la meta de deforestación cero en 2030 y restablecer la aplicación de la ley ambiental.

4. La presentación del informe Amazonía Viva de WWF, que destaca que, si se pierde la Amazonía, será imposible cumplir la meta de no superar los 1,5°C en las próximas décadas.

5. Se llevó a cabo el diálogo regional de alto nivel “Amazonía como pilar del equilibrio climático y de vida” liderado por el presidente Petro y con la participación e intervenciones de los presidentes de Venezuela y Surinam. Este evento fue una invitación abierta a los demás países amazónicos para crear un acuerdo amazónico común a principios del próximo año.

Esta nueva geopolítica ambiental genera grandes expectativas con miras a lograr transformaciones significativas en medio de la crisis climática. En lugar de abordarla año a año desde que comenzó la COP, la crisis climática se ha ido agudizando con el paso de cada nuevo encuentro entre las partes. ¿Cuál es el resultado? Un aumento del 65% de las emisiones de GEI a nivel mundial. Como señaló el presidente Petro en su discurso, el liderazgo político desde la COP hasta hoy no ha logrado detener la causa de la crisis climática. Para el presidente colombiano, “es la hora de la humanidad y no de los mercados”. Y cabe agregar que es hora de generar sentido de pertenencia con la Amazonía y con el mundo como biota.

En Colombia, uno de los factores que facilitan la transformación de la selva amazónica es la falta de identidad dentro del territorio. Salvar este ecosistema requerirá voluntad política, conciencia social y garantías de una subsistencia mínima digna. Pero también, esos esfuerzos deberán pasar por repensar el concepto del territorio a través de un sentido de identidad y pertenencia a la Amazonía y al mundo.

¿Qué tiene que ver esto con la vida de una persona que vive en los países del norte global, en particular? Los pueblos originarios, además de quienes viven dentro y trabajan por la Amazonía, no deberían ser los únicos dolientes de su transformación, también quienes se benefician de la función ecosistémica que presta, es decir la toda la humanidad.


[1] Meirelles, Joao. (2020). Amazonia ¿quién decide su futuro?. En Amazonía. La batalla por la última frontera. Dossier Vanguardia (76). págs. 7-13

Anna María Franco Gantiva
Anna María Franco Gantiva
Anna María Franco Gantiva es consultora en GlobalCAD, como parte del equipo de economía verde y cambio climático.