Covid19, una oportunidad para repensar la resiliencia urbana
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Estamos en época de cambio y transiciones. Si ya todas y todos asumimos que lo que realmente nunca cambia, es el constante cambio; ello conlleva transiciones importantes. No solo transiciones económicas y ecológicas, de sectores que hemos acabado reconociendo como obsoletos. Sino transiciones sociales. Transiciones de convivencia; que están revolucionando como nos relacionamos, como nos comunicamos, y, en definitiva, como usamos el espacio público de nuestras ciudades. La piel de nuestra ciudad.

Muchos apuntan a que los retos de gestionar la situación transcienden la asignación de fases de contención, de olas y picos pandémicos, y que estamos desgraciadamente en el inicio de lo algunos empiezan a llamar ya como la nueva era pandémica.

Mientras los países de ingresos altos y medianos con sistemas de salud más efectivos luchamos por detectar y contener los efectos de COVID-19, solo ahora estamos empezando a comprender el desafío de abordar esta pandemia emergente en los países de ingresos bajos y en los asentamientos informales. Los territorios en estos países, que en su mayoría no están preparadas para manejar incluso las más modestas interrupciones en el suministro de alimentos, agua y energía, ahora se encuentran totalmente expuestas al estrés que COVID-19 está ejerciendo sobre los servicios públicos y privados de su ciudadanía.

Women on water supply
Las mujeres, que constituyen un porcentaje desproporcionado de los trabajadores del sector informal, son las más afectadas por la crisis

Los asentamientos informales carecen de infraestructura y servicios básicos; y debido a ellos es muy difícil prevenir la propagación de la enfermedad. Por ejemplo, lavarse las manos es extremadamente difícil cuando el acceso al agua limpia es limitado y las fuentes de agua se convierten en zonas de contagio. El distanciamiento social es casi imposible de poner en práctica cuando la densidad es tan alta y el espacio público común tan reducido como en dichas comunidades.  El auto-aislamiento es apenas una opción para las familias de bajos ingresos, la mayoría de los cuales son trabajadores informales y dependen de sus ingresos diarios. Quedarse en casa no es simplemente una opción.

En este contexto, las mujeres, que constituyen un porcentaje desproporcionado de los trabajadores del sector informal, son las más afectadas por la crisis, y la vulnerabilidad de grupos particulares, como los ancianos y los niños, se acentúa.

Debido a ello, hoy, más que nunca, es preciso trabajar en marcos de gestión inclusiva y sostenible en zonas urbanas, y parece más apropiado que nunca fortalecer la capacidad de las comunidades de ser más resilientes ante las adversidades.

Conceptos que estábamos utilizando como solución para resolver algunos objetivos de desarrollo vinculados con la gestión urbana, como la planificación inclusiva y sostenible del territorio, o el fortalecimiento transversal de la resiliencia, se han convertido en los ejes angulares esenciales para lograr gestionar no solo la crisis pandémica, sino la compleja fase de recuperación que vendrá después y marcará el tipo de sociedad que queremos proponer para nuestra convivencia y para nuestras futuras generaciones.

Fernando Casado
Fernando Casado
Fernando es el fundador y director de CAD. Es doctor en economía y periodista especializado en desarrollo global. @Fernando_Casado