El papel del sector privado en el logro de los Objetivos del milenio

Para poder lograr los Objetivos del Milenio en 10 años es necesaria la aportación de recursos no sólo del sector público sino también del privado. Las dudas surgen en torno a cómo se debe delimitar su papel y a cuáles son los beneficios y los riesgos que asume al involucrarse.

Revista Economía Exterior 01/11/2005

Por Casado Cañeque, Fernando

El papel del sector privado en el logro de los Objetivos del Milenio

La Declaración del Milenio ha logrado un consenso histórico entre gobernantes al pretender resolver los principales problemas sociales, económicos y medioambientales de este siglo. El reto de lograr los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para 2015 sugiere crear un plan de acción orientado a erradicar la pobreza extrema a través de un desarrollo sostenible que permita superar la distribución desigual de los costes y beneficios de la globalización.

En septiembre de 2005, los jefes de Estado y de gobierno se reunieron en el seno de las Naciones Unidas para presentar una propuesta de reforma de la organización y evaluar el progreso realizado en estos últimos cinco años. Las conclusiones de la cumbre ponen de manifiesto que los ODM no se están logrando y que los países han fracasado a la hora de encaminar las políticas de desarrollo hacia soluciones sostenibles. Todo parece indicar que la complejidad de la problemática a la que se enfrenta la humanidad obliga a reaccionar de manera diferente de como se ha hecho a finales del siglo XX. La devastación del VIH/sida, el cambio climático y el terrorismo, por ejemplo, emergen condicionando enormemente la capacidad de las naciones de promover un desarrollo que garantice una vida digna para todos. Por otro lado, la interdependencia global queda cada vez más evidenciada y las nuevas tecnologías han conectado al mundo, no sólo a través de redes comerciales e intercambios culturales, sino también al introducir un nuevo formato de diálogo global más integrador y representativo, formado por nuevos actores no estatales representantes de la sociedad civil y el sector privado.

Los nuevos agentes del desarrollo

Los Estados son conscientes de sus limitaciones a la hora de ofrecer respuestas a los principales problemas que afectan a los seres humanos. Incluso las organizaciones internacionales, tanto la ONU como las instituciones de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), están experimentando el proceso transformador más significativo desde su creación después de la Segunda Guerra mundial, ya que han entendido la necesidad de abrir sus foros de diálogo a nuevos actores.

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha enfatizado que “para ser un instrumento útil que ayude a los Estados miembros y a los pueblos del mundo a responder a los desafíos (…), la organización debe adaptarse plenamente a las necesidades y circunstancias del siglo XXI.

Deben estar abiertas no sólo a los Estados sino también a la sociedad civil que desempeña, en los planos nacional e internacional, un papel cada vez más importante en los asuntos mundiales. Deben derivar su fortaleza de las asociaciones que establezcan y de su capacidad de hacer participar a sus asociados en coaliciones eficaces para impulsar el cambio en todas las esferas en que es necesario actuar para promover un concepto más amplio de la libertad”.

La complejidad de lograr los ODM en tan sólo 10 años exige trabajar a través de alianzas que aporten recursos, tanto públicos como privados, que sean capaces de transformar los recursos financieros y las capacidades técnicas y humanas para que permitan lograr objetivos comunes. En este sentido, el sector privado tiene un papel crucial en el crecimiento económico de un país y se ha convertido en un agente indispensable a la hora de erradicar la pobreza en los países más empobrecidos.

Si en 2004 la ayuda oficial al desarrollo (AOD) alcanzó los 50.000 millones de dólares, el sector privado invirtió más de 100.000 millones en estos países fomentando el crecimiento económico y contribuyendo enormemente a la erradicación de la pobreza, especialmente en India y China.

Es evidente que estas inversiones deberían realizarse en un marco que garantizara criterios sociales y medioambientales, que no fomentara prácticas corruptas y que fuera orientado a promover un crecimiento sostenible a largo plazo, fomentando el empleo local y la vida digna de las comunidades donde se opera, y asegurando la acumulación de capital en los países en desarrollo en vez de transferir los beneficios fuera del país.

El papel de garantizar servicios públicos básicos excede los límites e intereses de la actividad empresarial y, debido a ello, es importante que los gobiernos creen un marco regulatorio que limite y prevenga los efectos negativos que tienen las actividades empresariales en bienes públicos globales. Tal como recuerda Ernst Ulrico von Weizsäcker después de evaluar experiencias públicas y privadas de sistemas de seguridad social, salud, educación, agua y energía, no se debería privatizar lo que el sector público aún puede garantizar.

Sin embargo, 51 de las 100 economías más grandes del mundo pertenecen a empresas privadas, y el poder creciente que está adquiriendo el sector privado en el orden internacional lo convierte en un aliado esencial en la lucha por la erradicación de la pobreza, ya que sin su participación no será posible garantizar un crecimiento económico global que permita distribuir los beneficios de la globalización.

La Declaración del Milenio y el sector privado

La Declaración del Milenio de 2000 fue consciente de la necesidad de integrar de forma más activa al sector privado y a la sociedad civil en el proceso de desarrollo. Sin embargo, tan sólo se menciona en los artículos 20 y 30, donde los gobernantes se comprometen a “establecer sólidas formas de colaboración (…) y ofrecer más oportunidades de contribuir al logro de las metas y los programas”.

La Declaración de la Cumbre Mundial de 2005 es más explícita e intenta integrar de forma más activa tanto la participación del sector privado como la de la sociedad civil.

En los contenidos, los gobernantes secomprometen a “aumentar la contribución de (…) la sociedad civil, el sector privado y otras partes interesadas a las iniciativas nacionales de desarrollo y a la promoción de la alianza mundial para el desarrollo”; (art. 22 e); reconocen “…el valor de desarrollar fuentes innovadoras de financiación y el papel vital que el sector privado puede desempeñar en la generación de nueva financiación para el desarrollo” (art. 23 d y e); reafirman su empeño común en “…instaurar las políticas y concretar las inversiones necesarias para impulsar un desarrollo económico sostenido, (…) promover la generación de empleos y estimular al sector privado”(art. 24 a); y a “encauzar las capacidades y recursos privados para estimular el sector privado de los países en desarrollo a través de medidas en las esferas pública, público-privada y privada para (…) un crecimiento económico acelerado y la erradicación del hambre y la pobreza”(art. 24 d); entre otras menciones.

De todas formas, el escepticismo reinante entre los tres principales agentes (gobiernos, sector privado y sociedad civil) sigue predominando, tal como quedó de manifiesto durante la cumbre, cuando los únicos tres representantes no estatales (dos de la sociedad civil y uno del sector privado) sólo intervinieron después de que la declaración se hubiera aprobado, ante una sala medio vacía de la que desertaron las delegaciones.

A pesar de todo, Bamanga Tukur, presidente del African Business Roundtable (mesa redonda sobre los negocios en África) y portavoz del sector privado en la cumbre, enfatizó que la empresa es buena para el desarrollo y el desarrollo es bueno para la empresa, y remarcó que es necesario trabajar conjuntamente para abrir las puertas de la oportunidad y la generación de trabajo a través del desarrollo económico.

Acciones concretas de las empresas

Objetivo uno: erradicar la pobreza extrema y el hambre
Promover la creación de empleo y la generación de ingresos
Apoyar la distribución de comidas en los colegios
Realizar acciones para combatir el hambre en zonas rurales y urbanas
Desarrollar programas educativos sobre la alimentación;
Promover programas de voluntariado y para la inclusión de comunidades indígenas, minusválidos y otros grupos que sufren marginación; y fomentar la contratación de aprendices
Objetivo dos: lograr la educación primaria universal
Promover acciones para combatir el trabajo infantil
Invertir en colegios y ONG que desarrollan proyectos educativos
Promover la educación de sus funcionarios y personas dependientes de sus actividades
Realizar proyectos educacionales complementarios
y/o contribuir a fondos municipales de infancia y adolescencia
Objetivo tres: promover la igualdad de los sexos y la autonomía de la mujer
Impulsar programas que promuevan el respeto y la valorización de la diversidad sobre género
Fomentar la generación de beneficios para mujeres que son cabezas de familia
Objetivo cuatro: reducir la mortalidad infantil
Mejorar el acceso a medicamentos fiables y reducir costes de medicinas
Mejorar el acceso el acceso a agua potable
Ofrecer premios a proyectos exitosos en estas áreas
Objetivo cinco: mejorar la salud materna
Mejorar las condiciones de trabajo y salud de la mujer trabajadora
Apoyar ONG que trabajan aspectos de género
Mejorar de servicios de salud
Objetivo seis: combatir el VIH/sida, el paludismo y otras enfermedades
Producir medicamentos eficientes a buen precio
Promover programas de educación, de prevención y de tratamiento en la lucha contra el sida y
otras enfermedades
Apoyar otros programas en las áreas de salud
Objetivo siete: garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
Gestionar el impacto medioambiental
Promover la formación sobre la utilización sostenible de recursos naturales y programas de gestión de residuos
Ofrecer premios a programas y proyectos exitosos
Garantizar el acceso a agua potable
Objetivo ocho: fomentar una asociación mundial para el desarrollo
Promover el trabajo decente para jóvenes
Democratizar el acceso a tecnologías de la información
Fomentar la creación de alianzas para el desarrollo sostenible
8. J. Nelson y D. Prescott, Business and the Millennium Goals, a framework for action.
Prince of Wales Internacional Business Leaders Forum (IBLF) y UNDP, 2003.
**Fuente: Business Commitment to the Millennium Goals. São Paolo: Instituto Ethos, 2005**

 

Todo parece indicar que el sector privado puede jugar un papel esencial para que se logren los ODM, pero hay ciertas dudas sobre qué debería hacer exactamente, cómo se ha de concretar su papel, cuáles serían sus incentivos y qué tipo de beneficios y riesgos existen.

Como refleja el estudio realizado por el Banco Mundial sobre el papel del sector privado en el cumplimiento de estos objetivos, existen varias maneras a través de las cuales puede contribuir al desarrollo. Entre ellas, el informe propone comprar artículos producidos localmente, convertirse en proveedor de servicios de las comunidades pobres asegurando costes asumibles, ofrecer donaciones a través de sus excedentes acumulados, dar apoyo financiero a organizaciones locales, contratar recursos humanos a nivel local, invertir en educación, infraestructura, I+D y tecnología, sensibilizar a través del marketing o promover el voluntariado a través de sus profesionales en comunidades necesitadas.

Uno de los primeros informes que vincularon al sector privado con el logro de los objetivos, fue el estudio realizado en 2003 por el Foro Internacional de líderes de negocios Príncipe de Gales (IBLF, en sus siglas en inglés) junto con el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD). El informe define las acciones que puede desarrollar la empresa para cada objetivo y las agrupa en tres: iniciativas que generan beneficio; inversiones sociales y filantrópicas; e iniciativas de incidencia política, y ofrece una amplia gama de casos prácticos en cada área.

Este año, el Instituto Ethos analizó en profundidad la relación existente entre los principios del Pacto Mundial y los indicadores Ethos de Responsabilidad Social con los ODM, reflejando en un informe la contribución potencial de la empresa a estos objetivos y proponiendo un amplio abanico de acciones concretas a desarrollar por las empresas para ayudar a lograr cada meta.

Intereses de la empresa en involucrarse en el desarrollo

Es evidente que el sector privado ya está involucrado en diversas iniciativas y actividades que están contribuyendo a lograr los ODM. Sin embargo, es preciso cuestionarse si su interés en generar un impacto positivo en el desarrollo responde a valores éticos y morales, como política de su responsabilidad social para mejorar las relaciones con los agentes sociales, o si puede existir una sintonía entre este interés y su objetivo de generar beneficios. ¿Podría la empresa generar productos y servicios que fueran a la vez lucrativos y contribuyeran a lograr los ODM?

C.K. Prahalad y Stuart L. Hart demostraron el enorme potencial que representan las comunidades pobres ya que plantean “un nuevo reto corporativo a la hora de proveerles con productos y servicios que mejoren sus vidas, y a la vez, sean culturalmente respetuosos, medioambientalmente sostenibles y económicamente lucrativos”.

En su análisis de la “pirámide económica mundial”, segmentan la población humana en cuatro niveles en función de su ingreso per cápita. El último nivel, formado por la población con menos de 1.500 dólares al año, no puede actualmente participar de forma activa en la economía global y está formado por 4.000 millones de personas que podrían llegar a convertirse en 6.000 millones en los próximos 40 años. Este segmento de la población, que representa el 60% de la humanidad, es al que se le debería facilitar acceso a la electricidad, al agua potable, a servicios sanitarios, a educación y, sobre todo, a que sean capaces de generar ingresos para que superen su condición de pobreza y puedan aspirar a una vida digna.

La era de las alianzas

Pero para poder generar este tipo de servicios y productos, especialmente en los países menos avanzados (PMA), es preciso trabajar a través de alianzas con el sector público y la sociedad civil, ya que hay demasiados riesgos incurridos y carencias estructurales que desincentivan la inversión.

Una de las conclusiones evidentes después de más de cuatro décadas de desarrollo y cooperación es que ningún agente (sector público, privado y sociedad civil) por sí solo puede crear un logro sostenible en la erradicación de la pobreza. Por tanto, será necesario fomentar alianzas que permitan generar una situación favorable para desarrollar dichos servicios. Aunque como explica Ethel M. Cormier, de Procter & Gamble, fomentar este tipo de alianzas no es en absoluto tarea fácil ya que, por lo general, los gobiernos suelen asumir que el sector privado es totalmente indiferente a sus consumidores y al medioambiente y sólo está interesado en generar beneficios; y el sector privado suele acusar a los gobiernos de ser burocracias incapaces de obtener resultados eficientes a corto plazo.

Asimismo, con frecuencia se generan expectativas en exceso, ya que la sociedad civil y los gobiernos pretenden que el sector privado se centre exclusivamente en proveer servicios y productos a las comunidades más pobres sin considerar sus propias necesidades lucrativas, y el sector privado suele pretender utilizar a los gobiernos exclusivamente para acceder al público (a través de la producción, el marketing, la sensibilización y la distribución) en mercados desconocidos a los que no tienen acceso.

Pero el sector privado debería considerar este reto como una gran oportunidad. Por un lado, le permitiría expandir sus productos a este amplio mercado inactivo e invertir en una nueva área ilimitada para el diseño y la creación de nuevos productos. Por otro, involucrarse activamente en crear un mercado laboral estable y vigoroso en estas regiones permitiría fomentar la productividad y una mano de obra más formada, generaría un entorno social cohesionado que mejoraría la gobernabilidad y fomentaría la transparencia de la gestión pública, y se desarrollaría un entorno más favorable para la inversión.

A pesar de que sólo quedan 10 años, los estudios pronostican que los ODM todavía podrán lograrse para 2015. Si se consiguen, 600 millones de personas dejarían de vivir en extrema pobreza, 300 millones dejarían de pasar hambre cada día y 28 millones de niños no morirían antes de cumplir los cinco años de edad. Erradicar la pobreza es un objetivo común que beneficia a todos, pero para lograrlo, es necesario crear un nuevo de estilo de gobernabilidad y, sobre todo, un nuevo sistema de cooperación entre gobiernos, sociedad civil y sector privado.

Descargar PDF